A la mañana siguiente, una profesional que me estaba orientando me ayudó a ponerme en contacto con un abogado independiente. También recibí instrucciones para informar de mis sospechas a las autoridades y conservar cualquier prueba sin manipularla.
No sabíamos todavía si Daniel había cometido un delito.
Pero ya no iba a ignorar lo que estaba ocurriendo.
Durante los días siguientes, los especialistas continuaron evaluando mi estado de salud y los resultados de la muestra. Me explicaron que identificar una sustancia no demostraba por sí solo quién la había añadido ni por qué, y que cualquier conclusión debía apoyarse en pruebas adicionales.