Chloe dejó la frase incompleta.
Era suficiente.
La casa todavía no tenía sus cortinas y ya había gente imaginando cómo usar sus habitaciones.
Eleanor cambió de tema.
No iba a discutir sobre una petición que todavía no había sido pronunciada.
Tampoco iba a facilitarla.
Marcus intentó otra ruta esa noche.
—¿Ya pensaste qué vas a hacer con todo el dinero?
—Sí.
—¿Y?
—Vivir.
—Me refiero a planes financieros.
—También.
—Podría ayudarte.
Eleanor lo miró por encima de su taza.
—Ya tengo ayuda profesional.
Marcus se reclinó en la silla.
—Podrías confiar en mí.
La frase le dolió más de lo que esperaba.
No porque fuera cruel, sino porque contenía una versión de la historia en la que él seguía creyéndose la persona a quien correspondía sentirse herida.
Eleanor dejó la taza.
—Confié en ti cuando vendí mi casa para venir aquí.