Él tenía 29 años, era ingeniero y estaba comenzando su carrera.
Era divertido, inteligente y tenía una habilidad especial para hacerme sentir que yo era la persona más importante del mundo.
Nos casamos dos años después.
Al principio vivimos en un departamento alquilado.
No teníamos demasiado dinero, pero éramos felices.
Con el tiempo conseguimos comprar una casa y abrir un pequeño negocio de suministros industriales.
Yo me encargaba de la administración, los clientes y las cuentas.
Julián supervisaba las operaciones técnicas y negociaba con proveedores.
Trabajábamos muchas horas.
Hubo años difíciles.
Meses en los que apenas alcanzaba el dinero para pagar los gastos.
Pero también hubo momentos hermosos.
Vacaciones improvisadas.
Cenas en nuestra pequeña cocina.
Planes para cuando pudiéramos trabajar menos.
Durante mucho tiempo pensé que nuestro matrimonio era sólido.
No perfecto, pero verdadero.