La verdad cayó sobre la madre Elena como un maremoto.
La hermana Grace no había sido visitada por un ángel, ni había roto sus votos. Años atrás, antes de ingresar al convento, Grace había sido sometida a experimentos médicos encubiertos por un rico médico local —un descendiente de la hermana Clara que portaba la marca de nacimiento de la media luna— que buscaba preservar su linaje a través de un huésped involuntario. Había utilizado el olvidado pasaje de la cripta para entrar en los aposentos de Grace mientras ella estaba fuertemente sedada, dejándola sin memoria de las violaciones, solo con la ilusión psicológica de un milagro divino.
Lágrimas de rabia y horror brotaron de los ojos de Elena al recoger el diario.
Por la mañana, las autoridades locales y la policía federal allanaron la finca fuera de los muros del convento, arrestando al médico y confiscando sus registros.