Capítulo 2 — La casa que nunca fue de ellos
Tiré del camino de mesa con todas mis fuerzas.
Los platos temblaron.
Una copa cayó al suelo y se hizo añicos.
Brooke gritó.
—¡¿Qué demonios estás haciendo?!
No respondí.
Seguí tirando hasta que el camino de mesa quedó completamente libre.
Los cubiertos, las servilletas y varios platos terminaron en el suelo.
Grant dio un paso hacia mí.
—¡Estás loca!
Lo miré directamente a los ojos.
—No. Solo estoy cansada.
Ryan se acercó.
—Claire, cálmate.
Me reí.
Una risa corta, amarga.
—¿Calmarme?
Me señalé el vientre.
—Tu padre acaba de quemarme mientras estoy embarazada de seis meses. Tú me sujetaste las muñecas. Y ahora me dices que me calme.
Ryan abrió la boca.
No encontró nada que decir.
Grant, en cambio, golpeó la mesa con la mano.
—¡Esta sigue siendo mi casa!
Entonces saqué mi teléfono.
Abrí una carpeta que llevaba meses preparando.
—No.
Deslicé la pantalla.
—Esta es mi casa.
Le mostré el registro de propiedad.
El rostro de Grant cambió.
—Eso no significa nada.
—Significa exactamente lo que dice.
Brooke se acercó para mirar.
—¿Qué…?
—La escritura está a mi nombre.
Diane dejó lentamente su copa sobre la mesa.
—Pero Ryan vive aquí.
—Sí.
—Entonces también es su casa.
Negué con la cabeza.
—No.
Miré a mi marido.
—Tú vives aquí porque yo te dejé.
Ryan palideció.
—Claire…
—Y tu familia viene aquí porque yo se lo permití.
Grant se echó a reír.
—¿Crees que puedes echarnos de nuestra propia familia?
—No.
Guardé el teléfono.
—Puedo echarlos de mi propiedad.
El silencio fue absoluto.
Entonces Brooke levantó su teléfono.
—Tengo todo grabado.
La miré.
—¿Qué?
Ella tragó saliva.
—La cena. La discusión. Lo de papá.
Por primera vez, Grant parecía preocupado.
—Dame ese teléfono.
Brooke retrocedió.
—No.
—¡Brooke!
—He dicho que no.
Me quedé mirándola.
Hasta ese momento había pensado que ella era exactamente igual que ellos.
Pero había algo diferente en sus ojos.
Miedo.
—¿Por qué grabaste todo? —pregunté.
Brooke bajó el teléfono.
—Porque sabía que algo así iba a pasar.
Ryan la miró furioso.
—¿Qué quieres decir?
Brooke respiró profundamente.
—Porque llevo seis meses sabiendo lo que papá hace.
Grant se quedó inmóvil.
—Cállate.
—No.
Brooke empezó a llorar.
—Estoy cansada de cubrirte.
Diane se levantó.
—Brooke, piensa bien lo que estás haciendo.