Capítulo 2 — Lo que Lily nunca me contó

Clara puso una mano sobre el hombro de su hija.

—Pero esto ya no puede seguir siendo un secreto.

—¿Qué secreto?

Nadie respondió.

—¡Por favor!

Mi voz se quebró.

—Mi hija tiene dieciséis años. ¿Qué está pasando?

Clara respiró profundamente.

—Lily no pasó las últimas noches cosiendo únicamente por Annie.

Miré hacia la habitación de mi hija.

—Entonces, ¿para quién era?

—Para alguien que iba a venir por ella.

Sentí que el corazón se me detenía.

—¿Quién?

Clara negó lentamente con la cabeza.

—No lo sé.

—¿Cómo que no lo sabe?

—Solo sé lo que Annie escuchó.

Annie se secó las lágrimas.

—Lily recibió una llamada hace unos días.

—¿De quién?

—No lo dijo.

—¿Qué escuchaste?

La chica miró a su madre.

Luego a mí.

—Le dijeron que su padre había dejado algo para ella.

No pude moverme.

—Mi marido murió hace cuatro años.

—Lo sé.

—Entonces, ¿qué podía haber dejado?

Annie señaló la fotografía.

—Eso.

Miré nuevamente la imagen.

Mi marido aparecía sonriendo.

Lily estaba en sus brazos.

Pero había algo extraño.

En el fondo de la fotografía había una pared.

Una pared que reconocí.

Era la antigua casa de mi suegro.

La casa que había sido vendida después de la muerte de mi marido.

Me acerqué a la fotografía.

—¿Cuándo se tomó esto?

Clara negó con la cabeza.

—No lo sé.

La giré.

Había algo escrito detrás.

Una fecha.

Y una frase.

«Si alguna vez necesitas encontrar la verdad, busca debajo de la tercera tabla.»

Sentí un escalofrío.

La tercera tabla.

Mi marido solía decirme que aquella casa tenía un suelo especial en el despacho de su padre.

Un suelo que su padre había construido personalmente.

Nunca entendí por qué.

—¿Lily encontró esto allí?

—No —respondió Clara—. Lo encontró alguien que se lo entregó.

—¿Quién?

Antes de que pudiera responder, escuchamos pasos.

Lily apareció al final del pasillo.

Estaba pálida.

Cuando vio a Annie y a su madre, se quedó completamente inmóvil.

Luego miró la fotografía en mis manos.

Su rostro cambió.

—Mamá…

—¿Desde cuándo sabías esto?

Lily bajó la mirada.

—Desde hace tres meses.

Sentí una punzada de dolor.

—¿Tres meses?

—Sí.

—¿Y nunca me dijiste nada?

—Tenía miedo.

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