Llevaba croquetas de un restaurante que a ella le gustaba, revisaba la caldera y le preguntaba si necesitaba que la llevara al supermercado. Carmen, todavía atravesando el duelo, agradecía la compañía.
Julián había sido su marido durante 47 años. La casa sin él parecía demasiado grande. Carmen seguía dejando su taza favorita junto al fregadero porque guardarla le parecía una forma de admitir algo para lo que aún no estaba preparada.
Daniel sabía eso.
Y lo utilizó.
Primero preguntó por la pensión.
Después por los fondos de inversión.
Luego por el testamento.
—No tienes que cargar con estas cosas sola —le decía.
Carmen quería creer que se preocupaba.
La primera vez que sintió algo distinto fue cuando Vanessa le pidió las claves de la banca digital.
—Sólo por si pasa algo.
—Si pasa algo, hay un poder preventivo depositado ante notario.