Cuando entré al juzgado, mi hijo sonreía: creía que mis moratones demostrarían que yo ya no podía decidir por mí misma. Entonces oí su propia voz en la grabación: «Tu madre puede vivir 15 años más. Nosotros necesitamos el dinero ahora». No lloré; saqué el sobre azul y pedí que lo abrieran. Aún faltaba el cuarto separador. –

En el vídeo, Vanessa abrió una botella de agua y habló en voz baja.

—Como tu madre siga bloqueando las cuentas, no llegamos a noviembre.

Daniel se pasó ambas manos por la cara.

—La casa vale más de 900.000. Con eso cubrimos el préstamo, lo de la empresa y todavía nos queda margen.

—Pero mientras ella pueda decidir, no vamos a tocar nada.

—Por eso necesitamos que parezca que no puede.

El abogado de Daniel se puso en pie de golpe.

—Señoría, debemos cuestionar la admisibilidad de esta grabación.

Montalbán levantó una mano.

—Tendrá su turno.

El vídeo continuó.

Vanessa miró hacia el pasillo por donde Carmen se había marchado.

—Los moratones ayudan.

Daniel tardó unos segundos en responder.

—No vuelvas a dejarle marcas en la cara.

Carmen cerró los ojos.

Aquel era el fragmento que había evitado escuchar más de 2 veces.

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