Cuando quise pasar unos días con mi hermana, embarazada de 6 meses, mi marido cerró el portón y su madre me inclinó sobre la mesa del patio. Mientras él me sujetaba, escuché: «Ya aprenderá». En el hospital pedí protección y denuncié sin volver a mirarlo. Entonces un repartidor apareció con una tarjeta de memoria que ninguno sabía que existía.

El archivo no enseñaba el interior del patio, pero contenía las voces, los tiempos y las sombras del exterior. Eso coincidía con el relato de Lucía y con lo que se había documentado en urgencias.

La existencia del posible vídeo de Nuria abrió otra línea de investigación.

Cuando la citaron, Nuria negó al principio haber grabado nada. Dijo que solo había pasado por allí y que sacó el móvil porque recibió una llamada. También aseguró que no entendió la gravedad de lo que ocurría.

Pero la cámara de Mateo registraba más de lo que ella imaginaba.

Se veía cómo levantaba el teléfono en dirección al portón durante casi 50 segundos.

Eusebio, el vecino, cambió su relato después de saberlo. Admitió que había escuchado a Lucía pedir ayuda. Dijo que quiso llamar, pero Nuria le respondió que “eran cosas de familia” y que Carmen se ocuparía.

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