Elena presentó una solicitud urgente de medidas de protección. También preparó una denuncia ante la Fiscalía y notificó al DIF.
Esa misma tarde mi celular empezó a llenarse de llamadas desconocidas.
Contesté una.
Era Mauricio.
—Estás destruyendo a mi familia —dijo.
No preguntó por Sofía.
No preguntó si yo estaba bien.
No preguntó por qué su hermana había robado.
—No, Mauricio —respondí—. Tu familia destruyó la seguridad de nuestra hija.
—Karla dice que estás exagerando el video.
—Entonces que se lo explique al Ministerio Público.
Colgué.
A las once de la noche llegó un audio de Karla.
Su voz estaba quebrada.
—Yo robé la pulsera. La vendí porque debía dinero. Culpé a Sofía porque sabía que mi mamá me iba a creer. Por favor, detén esto.
Se lo reenvié a Elena.
Me llamó casi de inmediato.
—La confesión cambia todo —dijo—. Pero hay algo más.