El estudio quedó en silencio.
Yo estaba sentada detrás del escenario, recordando la noche en que abandoné mi hogar.
Aquella noche, todas mis pertenencias cabían en una pequeña maleta.
No tenía una casa propia, apenas me quedaban ahorros y lo más doloroso era que la persona más cercana a mí me había rechazado.
Fui a casa de mi madre.
En cuanto abrió la puerta, comprendió que había sucedido algo terrible.
—Cariño, ¿qué ha pasado?
Ya no pude contener las lágrimas.
—Mamá, se avergüenza de mí. Dice que ningún hombre querría vivir con una mujer que tuviera una cara como la mía.
Mi madre permaneció en silencio durante mucho tiempo.
Después se acercó al espejo, me tomó de la mano y me hizo colocarme a su lado.
—¿Sabes de qué me avergonzaba yo cuando tenía tu edad?