Abro completamente las cortinas.
El sol ilumina la mesa.
Sigo comiendo mientras las hojas de mis plantas se mueven suavemente con el viento.
No sé si algún día mi madre comprenderá lo que hizo.
Tampoco sé si Daniel llegará a sentir verdadero arrepentimiento.
Hay preguntas que ya no necesito responder.
Porque después de una vida entera intentando salvar a mi familia, finalmente entendí algo:
Yo también era alguien que merecía ser salvado.
Y esta vez fui yo quien decidió hacerlo.