Doné sangre para salvar al hombre con quien llevaba 3 años, pero al salir escuché detrás de la puerta del hospital: “Después de la número 99 la dejamos y todo termina”. Me quedé inmóvil al descubrir que mi relación entera había sido una venganza por algo ocurrido años atrás. No entré a reclamar; hice una llamada y me fui, sin imaginar que alguien del mismo grupo estaba a punto de entregarme todas las pruebas.

—¿Y después?

—Mauricio termina con Daniela y vuelve con Renata.

Renata.

Sentí un golpe en el pecho.

Renata Salgado había sido la favorita para ganar el concurso universitario de danza cuatro años antes.

Venía de una familia conocida, tenía patrocinadores, profesores privados y todos estaban seguros de que ganaría.

Pero gané yo.

Daniela Hernández.

La hija de un contador de Iztapalapa y una maestra de primaria.

Recordé aquella noche.

Los aplausos.

Mi mamá llorando en primera fila.

Mi papá grabándolo todo con un celular viejo.

Nunca imaginé que detrás del escenario, Renata lloraba de rabia frente a Mauricio.

—Daniela le quitó el campeonato —comentó uno.

—Por eso Mauricio empezó a salir con ella —respondió otro—. Primero tenía que enamorarla. Después la iba a hacer pagar.

Sentí que el aire abandonaba mis pulmones.

Tres años.

Tres años intentando ser suficiente.

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