Sentí una presión en el pecho.
Claro que lo recordaba.
Las noches sin dormir.
El pánico.
Los días en los que apenas podía salir de casa.
—Estabas pasando por algo muy difícil —continuó—. No querías consultar con nadie. No parabas de decir que estabas bien.
—¿Así que me medicabas a escondidas?
—No. No, no es eso lo que…
—¿Entonces cómo lo llamas?
Bajó la mirada.
Y finalmente me contó la verdad.
Años atrás, durante el peor momento de mi ansiedad, había hablado con un médico sobre mí.
Según él, al principio el medicamento solo debía ser temporal.
Algo que me ayudara a tranquilizarme.
Algo que me ayudara a dormir.
Pero yo me había negado a recibir tratamiento.
Así que comenzó a añadirlo a la bebida.
—Al principio pensé que te estaba ayudando —dijo.
—¿Al principio?