Después, ciento veinte mil.
Luego ochenta y cinco mil.
Alejandro tragó saliva.
—¿Qué es esto?
Rebeca palideció.
—No sé.
Alejandro pasó a la siguiente página.
Había mensajes impresos.
No eran conversaciones entre Rebeca y Valeria.
Eran mensajes
Después, ciento veinte mil.
Luego ochenta y cinco mil.
Alejandro tragó saliva.
—¿Qué es esto?
Rebeca palideció.
—No sé.
Alejandro pasó a la siguiente página.
Había mensajes impresos.
No eran conversaciones entre Rebeca y Valeria.
Eran mensajes