Durante el desayuno, mi esposo me arrojó café hirviendo al rostro porque me negué a darle mi tarjeta bancaria a su hermana. Me dijo: “O obedeces o te vas”. Fui al hospital, guardé el informe médico y, al regresar, dejé mi anillo de bodas sobre la mesa… sin imaginar lo que él encontraría después

Después, ciento veinte mil.

Luego ochenta y cinco mil.

Alejandro tragó saliva.

—¿Qué es esto?

Rebeca palideció.

—No sé.

Alejandro pasó a la siguiente página.

Había mensajes impresos.

No eran conversaciones entre Rebeca y Valeria.

Eran mensajes

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