Envolvió hielo en una toalla.
Tomó su bolso y sus documentos.
Y salió del departamento sin siquiera apagar la computadora.
En el área de urgencias, la enfermera le preguntó dos veces
si la quemadura había sido un accidente.
Valeria estuvo a punto de responder que sí.
Por costumbre.
Por vergüenza.
Y por ese miedo irracional de meter en problemas al hombre que acababa de lastimarla.
Pero cuando abrió la boca, salió una verdad completamente distinta.
—Mi esposo me arrojó café hirviendo.
El personal médico fotografió las lesiones, documentó cada detalle en el informe médico y solicitó la intervención de una trabajadora social.
Valeria firmó la denuncia con la mano temblorosa.
Pero la firmó.
Más tarde regresó al departamento acompañada por dos policías.
No volvió llorando.
Volvió cargando cajas.
Guardó su ropa.
Su computadora.
Sus discos duros externos.
Las escrituras del departamento.
Los documentos de la propiedad.