Las joyas que había heredado de su abuela.
La cafetera que compró con su primer sueldo.
Incluso la vajilla azul que Alejandro siempre aseguraba que era “de los dos”, a pesar de que jamás había
pagado un solo plato.
PARTE 2
Valeria colocó la última caja junto a la puerta y respiró lentamente.
El rostro todavía le ardía bajo la gasa. La enfermera le había advertido que la quemadura podía dejar una marca permanente si no seguía el tratamiento con cuidado, pero en ese momento la cicatriz física era lo que menos le preocupaba.
Sobre la mesa del comedor dejó tres cosas.
Su anillo de bodas.
Una copia del informe médico.
Y una carpeta negra que Alejandro jamás había visto.
Después entregó las llaves del departamento a uno de los policías.
—La propiedad es mía —explicó—. La compré antes del matrimonio. Mi abogada ya está preparando la solicitud para que él no pueda regresar.