Poco después, comenzó el parto. Di a luz a una preciosa niña a la que llamé Maya Rochester.
En ese instante, me prometí que mi hija tendría la vida estable y segura que yo nunca había podido disfrutar.
Cinco años más tarde, fundé la Red Fénix, una organización dedicada a ayudar a las mujeres a escapar de matrimonios abusivos sin perder sus bienes, sus hogares ni su independencia económica.
Patrick seguía en prisión, y sus amenazas ya no tenían ningún poder sobre mí.
Por fin, había recuperado el control de mi vida y podía mirar al futuro sin miedo.
Pero justo cuando creía que nuestro pasado había quedado atrás, recibí un mensaje inesperado: en Zúrich habían aparecido unos documentos relacionados con la desaparición de mi madre.
El mensaje incluía una advertencia inquietante: Gavin me había mentido sobre lo que realmente había sucedido con ella.