La vieja regla plegable cambió de manos antes de que Daniel pudiera adivinar qué pensaba hacer Mariana con ella.
Advertisement
Ella la sostuvo entre los dedos, revisó las bisagras gastadas y pasó el pulgar por las marcas de uso que cubrían la madera.
No parecía el objeto de un hombre que hubiera pasado la vida dando órdenes desde una oficina.
Image
Parecía una herramienta.
Una muy usada.
Mariana levantó la mirada hacia el jinete.
Advertisement
—¿Cuánto tiempo lleva buscándolo su tío?
El hombre titubeó, quizá porque esperaba que Daniel respondiera por él.
—Desde hace semanas.
—¿Y ese aserradero realmente es suyo?
—Sí, señora.
Daniel cerró los ojos un instante.
Mariana no necesitó preguntar una tercera vez.
Advertisement
Lo que más le dolía no era descubrir que su marido tenía dinero.
Era recordar cada conversación de las últimas cuatro semanas y empezar a preguntarse cuáles palabras habían sido verdad y cuáles habían sido cuidadosamente incompletas.