El regreso anticipado: la trampa contra mi esposo que intentó despojar a mi padre

—Menos mal que se fue —comentó Ivana en voz 

alta, estirando las piernas sobre la mesa de centro—. Por fin se puede respirar. Deberías rociar ambientador, Ana, antes de que Marko llegue y tenga que soportar esa peste.

No respondí con rabia ni alcé la voz. Me acerqué al armario del pasillo, saqué un aromatizante de lavanda y rocié un poco en el ambiente con una calma calculada.

—Tienes razón —dije con un tono neutro y sumiso que jamás había usado en mi vida—. Fue imprudente de su parte venir sin avisar.

Vesna sonrió con una satisfacción venenosa, acomodándose 

los collares dorados:
—Al fin entiendes cómo funcionan las cosas en una familia decente, Ana. Marko siempre ha sido demasiado blando contigo, pero nosotras estamos aquí para poner orden.

Subí a la planta alta arrastrando mi maleta. En cuanto cerré la puerta de la recámara principal con llave, me senté al escritorio, saqué mi laptop de trabajo y conecté mi teléfono satelital de la empresa.

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