Victor asintió.
Era suficiente.
Por el momento.
Aquella tarde, cuando regresé a casa, encontré un sobre grande sobre la mesa.
Ethan estaba sentado frente a él.
Laura lloraba.
Mi corazón se aceleró.
—¿Qué ocurre?
Ethan levantó una hoja.
—Me han aceptado.
—¿Dónde?
Me entregó la carta.
Una universidad de Colorado.
No era la beca deportiva que había imaginado antes del tiroteo.
Era una admisión académica.
Ethan había decidido estudiar fisioterapia.
—¿Fisioterapia?
Sonrió.
—He pasado suficiente tiempo con fisioterapeutas como para saber lo insoportables que son.
Laura le dio un golpe suave en el brazo.
—Habla en serio.
Ethan bajó la mirada.
—Quiero trabajar con personas que estén donde yo estaba.
Aquella frase me dejó sin palabras.
—Cuando estaba en la cama —continuó— pensaba que si no volvía a jugar, mi vida se había acabado.
Miró sus cicatrices.
—Después comprendí que poder caminar hasta la cocina ya era una victoria.