Comenzaban cuando demasiadas personas tenían razones para impedir que la verdad saliera a la luz.
Y aquella noche acababa de comprender algo mucho peor que lo que imaginaba.
Lo que le habían hecho a mi hijo quizá no había sido un simple abuso de poder.
Podía ser la primera grieta en algo que llevaba años ocultándose.
El teléfono seguía pegado a mi oído cuando la voz al otro lado pronunció aquel nombre que yo había intentado olvidar durante diecisiete años.
—Entendido, Reaper.
Miré hacia las ventanas iluminadas del hospital.
—No quiero que nadie haga ninguna estupidez, Mason.
—Entonces no me has llamado para recuperar al antiguo equipo.
—No —respondí—. Os he llamado porque necesito saber la verdad antes de que alguien la entierre.
Mason guardó silencio.
Él sabía perfectamente lo que quería decir.
Durante los años en que habíamos trabajado juntos, nuestra mayor ventaja nunca habían sido las armas. Había sido la información. Saber quién estaba mintiendo. Saber qué documento faltaba. Saber qué cámara había grabado algo que alguien deseaba borrar.