El sheriff disparó a mi hijo y se rio… pero no sabía quién era realmente su padre

Sino por la posibilidad de que, mientras nosotros perseguíamos la verdad, mi hijo pudiera no sobrevivir para verla.

Entonces Ortega recibió una llamada.

Escuchó durante unos segundos.

Su expresión cambió.

—¿Estás seguro?

Colgó.

—¿Qué ocurre?

Me miró.

—Han conseguido recuperar el último vídeo del teléfono de Elena.

—¿Qué muestra?

Ortega respiró profundamente.

—El tiroteo.

Sentí que el corazón se detenía.

—¿Completo?

—Desde el principio hasta el final.

—Entonces se acabó.

—No, Caleb.

Sacudió lentamente la cabeza.

—Porque el sheriff no es la única persona que aparece.

—¿Quién más?

Ortega giró el teléfono hacia mí.

En la imagen congelada se veía a Ethan en el suelo.

Al sheriff a pocos metros.

Y detrás de él había otro hombre.

Traje oscuro.

Cabello gris.

Gafas.

Lo reconocí inmediatamente por la fotografía que acababa de enseñarme Ortega.

Thomas Bell.

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