Abrí el sobre.
Dentro había una fotografía antigua.
Tenía casi veinte años.
Siete hombres vestidos con uniforme militar posaban delante de un helicóptero.
Reconocí inmediatamente a Mason.
A Daniel.
A mí mismo.
Pero había un octavo hombre al fondo.
Un joven especialista civil que había trabajado durante unos meses con nuestra unidad analizando información financiera y rutas logísticas.
Yo había olvidado su nombre.
Hasta aquel instante.
Thomas Bell.
En la parte posterior de la fotografía había una frase escrita a mano:
“Caleb, si estás leyendo esto, significa que no pude mantener a tu familia fuera de esta historia.”
Debajo había otra línea.
“Lo que ocurrió con Ethan no empezó aquella noche.”
Y finalmente:
“Empezó hace diecinueve años, en una operación que tú creías terminada.”
Durante varios segundos fui incapaz de apartar la vista de aquella fotografía.