Ortega me miró.
—Sí.
Sentí náuseas.
—¿Dónde está esa arma?
—Dice que nunca llegó a colocarla.
—¿Por qué?
—Porque Elena estaba grabando.
Aquella mujer posiblemente había salvado a mi hijo por segunda vez.
—¿Qué más?
—Price dice que el sheriff no estaba intentando matar a Ethan.
Lo miré con incredulidad.
—Le disparó dos veces.
—Según Price, quería asustarlo y destruir su futuro deportivo para asegurarse de que entendiera el mensaje.
Tuve que levantarme y caminar hasta la ventana.
Había escuchado cosas terribles en mi vida.
Pero imaginar a un adulto tomando aquella decisión sobre un chico de diecisiete años me dejó sin palabras.
—¿Y qué mensaje?
Ortega cerró la libreta.
—Que olvidara lo que había visto.
—Entonces Ethan vio algo importante.
—Exactamente.
—Bell.
—Y las cajas.
—¿Qué había dentro?
Ortega me miró.
—Dinero y documentos.
—¿Cuánto?
—Todavía no lo sabemos.