Me negaron el pastel de bodas de mi hija por un nombre y la verdad que descubrí cambió la boda

Fue la última mañana antes de la boda de mi hija y yo tenía la lista de pendientes más larga de mi vida. Me llamo Elena Rojas, tengo cincuenta y ocho años y estaba convencida de que lo único sencillo del día sería pasar por la pastelería.

—Solo diles tu nombre —me había dicho Valeria por teléfono—. Todo está pagado.

En la Pastelería Dulce Aurora, una joven de delantal rosa buscó el pedido en la computadora. Le di mi nombre y vi cómo su sonrisa se borraba de golpe.

—Lo siento, señora. No puedo entregarle el pastel.

Pensé que bromeaba, así que me reí.

—Soy la mamá de la novia.

—Lo sé, pero hay una nota en el sistema. Dice que la novia pidió que el pastel no se le entregara a Elena.

Llamé a Valeria ahí mismo. Su sorpresa fue tan genuina que me tranquilizó un poco, aunque no por mucho tiempo.

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