El animal respiraba con más calma.
Laura volvió a silbar.
Tres notas.
Jericó levantó la cabeza.
Ella esperó.
Y entonces recordó el detalle que acababa de encontrar.
No era una prueba definitiva.
Pero sí era una pieza que podía explicar por qué ciertas situaciones terminaban siempre igual.
Laura decidió revisarla una vez más antes de hablar con Don Conrado.
Porque si estaba en lo correcto, la siguiente evaluación no debía empezar preguntando cómo obligar a Jericó a quedarse quieto.
Debía empezar preguntando qué había aprendido el animal a temer.
Y esa respuesta podía cambiar no solo el contrato millonario, sino también la forma en que todos en el rancho entendían al toro que durante tanto tiempo habían llamado simplemente loco.