Inmediatamente sentí que algo iba mal.
—¿Qué ha pasado? ¿Los médicos te han dicho algo?
—No. No estoy enfermo.
—Entonces, ¿qué está pasando?
Guardó silencio durante un largo momento.
Después dijo algo que me heló la sangre.
—Robert, he hecho algo que jamás podrás perdonarme. Y lo peor es que no es solamente mi secreto.
—¿Quién más lo sabe?
Daniel tragó saliva nerviosamente.
—Margaret lo sabía.
Me quedé paralizado.
—¿Mi esposa? Daniel, Margaret murió hace tres años. ¿De qué estás hablando?
Se volvió hacia mí.
—Ella lo sabía todo, Robert. Desde el principio hasta el final.
Lo agarré del brazo.
—¡Dímelo ahora mismo!
Pero él simplemente negó con la cabeza.
—Si te lo digo ahora, no me creerás. Mañana podrás leerlo tú mismo. Escrito de su puño y letra.
Aquella noche no pude dormir.
A la mañana siguiente, cuando salí de mi habitación, la casa estaba completamente silenciosa.