Antes de marcharse, Elena se volvió hacia Adrián.
—¿Sabes qué pensé cuando apareciste entre los árboles?
—¿Qué?
—Que estabas loco.
Adrián soltó una carcajada.
—Probablemente.
Elena también sonrió.
Luego añadió:
—Después entendí que, a veces, la persona que puede salvarte no es la que lleva años sentándose a tu mesa. Es la que decide no abandonarte cuando nadie sabría que lo hizo.
Los 3 regresaron por el sendero.
Detrás quedó el bosque.
Delante, una vida que ninguno había imaginado.
Elena nunca recuperó exactamente la familia que tenía antes.
Adrián tampoco recuperó los años perdidos.
Jaime no pudo borrar una decisión que casi destruyó todo lo que decía querer.
Pero cada uno tuvo que aprender que algunas heridas no se cierran escondiéndolas.
Se cierran diciendo la verdad.
Y quizá por eso Elena nunca permitió que taparan por completo aquel pequeño claro del bosque.