En el bosque entendí que mi desaparición no era un accidente: frente a mí había una fosa y alguien observaba oculto. Uno dijo: «Para tu familia estás descansando unos días en la costa». No grité; protegí al desconocido y, al escapar, llamé a la Guardia Civil. Entonces apareció el mensaje de las 6:12, confirmado por mi propio hijo.

Pertenecía a Jaime.

Su hijo mayor.

Jaime había dicho que aquella mañana dormía en su casa de Majadahonda. También había asegurado a su hermana Clara que no debían preocuparse por el extraño mensaje de su madre.

—Mamá necesita desconectar. Me llamó anoche. Está perfectamente.

Era mentira.

Elena no había hablado con él.

Los investigadores encontraron además un acceso realizado desde el ordenador de Jaime a la cuenta familiar de almacenamiento digital. Desde allí se había descargado el itinerario privado de Elena y una copia de su firma electrónica.

Cuando Elena recibió la noticia, no reaccionó.

Permaneció sentada en silencio.

Adrián, que estaba en otra sala terminando su declaración, la vio a través de la puerta entreabierta.

La mujer que unas horas antes había luchado por sobrevivir parecía ahora completamente vencida.

Sergio podía traicionarla por dinero.

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