En el bosque entendí que mi desaparición no era un accidente: frente a mí había una fosa y alguien observaba oculto. Uno dijo: «Para tu familia estás descansando unos días en la costa». No grité; protegí al desconocido y, al escapar, llamé a la Guardia Civil. Entonces apareció el mensaje de las 6:12, confirmado por mi propio hijo.

Eso dolía.

Pero Jaime era el niño al que había llevado de la mano al colegio, el joven al que había perdonado deudas y el hijo al que pensaba dejar algún día la empresa.

Entonces llegó una nueva prueba.

Una grabación de una gasolinera mostraba a Jaime reuniéndose con Sergio 3 noches antes.

Y en el audio recuperado del teléfono del socio se escuchaba una frase todavía peor:

—Mi madre no puede volver a sentarse en esa junta.

PARTE 3

La noticia no salió inmediatamente a los medios. Elena pidió a los investigadores que mantuvieran la máxima discreción mientras se aclaraba hasta dónde llegaba la participación de su hijo.

No quería protegerlo de las consecuencias.

Necesitaba saber la verdad antes de aceptar que el hombre al que había dado todo pudiera haber participado conscientemente en su desaparición.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *