Sergio propuso provocar una ausencia temporal de Elena.
Según su versión inicial, la retendrían durante 48 horas en una casa rural abandonada. Durante ese tiempo, Jaime presentaría ante el consejo un documento que permitiría apartar provisionalmente a su madre alegando una crisis personal.
Jaime aceptó.
Entregó horarios.
Explicó qué carretera utilizaba Elena para llegar temprano al centro logístico de Alcalá de Henares.
Incluso ayudó a redactar el mensaje que debía recibir la familia.
«Necesito estar sola unos días. Estoy bien. No quiero llamadas.»
Después prometió confirmar ante Clara que había hablado con su madre.
Jaime sabía que estaban preparando una retención ilegal y una maniobra para tomar el control de la empresa.
Lo que, según las pruebas encontradas, no sabía era que Sergio había cambiado el plan.
No habría ninguna casa rural.
No habría 48 horas.
Elena no debía regresar.
Cuando Sergio explicó a los 2 hombres contratados lo que realmente esperaba de ellos, Jaime ya no estaba presente.
Eso no borraba su responsabilidad.
Pero cambiaba una parte esencial de lo ocurrido.
La policía localizó finalmente a Jaime en un pequeño hotel de Segovia.
No intentó escapar.
Cuando los agentes entraron en la habitación, estaba sentado en la cama con la televisión apagada y el móvil de otra persona entre las manos.
Preguntó una sola cosa:
—¿Mi madre sigue viva?
2 días después, Elena aceptó verlo.
La conversación tuvo lugar en una sala vigilada.
Jaime entró con la mirada baja.
Parecía haber envejecido años en una semana.
Elena no se levantó.
No lo abrazó.
Tampoco gritó.
—Mírame.
Jaime tardó varios segundos.
Cuando lo hizo, tenía los ojos enrojecidos.
—Mamá…
—Quiero saber cuándo decidiste que tu ambición valía más que mi confianza.
Jaime negó con la cabeza.
—Yo no sabía lo de la fosa.
—Pero sabías que iban a llevarme contra mi voluntad.
Silencio.
—Sí.
Aquella palabra hizo más daño que cualquier excusa.
Jaime intentó explicar que Sergio le había asegurado que nadie saldría herido. Dijo que todo sería una presión temporal. Que después Elena regresaría. Que él pensaba demostrar que podía dirigir la compañía y obligarla a retirarse.
Elena lo escuchó sin interrumpirlo.
—¿Y el mensaje?
Jaime cerró los ojos.