En el bosque entendí que mi desaparición no era un accidente: frente a mí había una fosa y alguien observaba oculto. Uno dijo: «Para tu familia estás descansando unos días en la costa». No grité; protegí al desconocido y, al escapar, llamé a la Guardia Civil. Entonces apareció el mensaje de las 6:12, confirmado por mi propio hijo.

Era recordar a Jaime con 7 años entrando corriendo en su despacho para enseñarle un dibujo.

A los 14, esperando despierto cuando ella regresaba tarde de un viaje.

A los 23, abrazándola durante el funeral de su padre.

Elena se preguntaba en qué momento aquel niño se había convertido en alguien capaz de ayudar a Sergio.

Clara tampoco encontraba explicación.

—Jaime estaba enfadado contigo —admitió finalmente—. Pero yo creía que era por la empresa.

Elena la miró.

—¿Qué significa eso?

Clara dudó.

Durante meses, Jaime había insistido en que su madre debía retirarse y entregar la dirección ejecutiva a la nueva generación. Elena se había negado porque descubrió varias operaciones impulsadas por su hijo que consideraba demasiado arriesgadas.

Una de ellas era especialmente grave.

Jaime quería vender 3 centros logísticos propiedad del grupo y reinvertir el dinero en una sociedad tecnológica llamada Nortia Mobility.

Sobre el papel parecía una operación ambiciosa.

En realidad, Elena había descubierto que Nortia arrastraba una deuda enorme.

También averiguó algo que no había contado a sus hijos.

Sergio Beltrán tenía intereses económicos ocultos en aquella sociedad.

Si Valcárcel Distribución compraba una participación, Sergio recuperaría millones que prácticamente había perdido.

Elena bloqueó la operación.

La junta definitiva estaba prevista para el lunes siguiente.

Ella pensaba presentar documentos que demostrarían el conflicto de intereses de su socio.

Y había decidido pedir su salida del consejo.

De pronto todo encajaba.

Sergio necesitaba impedir aquella reunión.

Pero seguía existiendo una pregunta.

¿Por qué Jaime había colaborado?

La respuesta apareció en un segundo teléfono encontrado durante el registro de la vivienda de Sergio.

Los investigadores recuperaron meses de mensajes.

Al principio, Jaime parecía simplemente frustrado.

«Mi madre nunca confiará en mí.»

«Sigue tratándome como si tuviera 18.»

«Mientras ella esté al frente, jamás voy a dirigir la compañía.»

Sergio aprovechaba cada discusión.

Le decía que Elena pretendía entregarle el control futuro a Clara.

Le aseguraba que su hermana estaba maniobrando a sus espaldas.

Le mostraba documentos manipulados.

Le repetía que Elena estaba preparando cambios en la herencia.

Poco a poco convirtió el resentimiento de Jaime en miedo.

Y el miedo en rabia.

Pero los últimos mensajes cruzaban una línea diferente.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *