“Antes del baile, quiero reconocer a toda mi familia.”
Nombró a Renata.
A Nicolás.
A mis tíos.
A mis primos.
Finalmente me miró.
“Y por supuesto está Valeria.”
Varias cabezas se giraron hacia mí.
“Mi hija mayor.”
Se escucharon aplausos tímidos.
Mi padre sonrió.
“Valeria nunca tuvo la suerte de Renata. Ni en el amor, ni profesionalmente, ni socialmente.”
Algunas personas rieron.
Mi madre inclinó la cabeza, divertida.
Yo permanecí sentada.
Mi padre continuó.
“Pero todos tenemos un familiar que nos recuerda que siempre podría habernos ido peor.”
Las risas aumentaron.
Renata bajó la mirada para ocultar una sonrisa.
Entonces me levanté.
No para discutir.
Solo quería salir unos minutos.
Pasé cerca de la mesa principal.
Mi padre dejó el micrófono, tomó una copa llena de vino tinto y se acercó.
“¿Ahora te ofendiste?”
“No.”
“Entonces sonríe.”
“Prefiero salir un momento.”
Su expresión cambió.