Al principio él llamaba con excusas.
—¿Funciona bien la calefacción?
—Sí.
—¿Necesitas que vaya a arreglar algo?
—No.
—Vale.
Después empezó a llamar sin motivos.
Una tarde dijo:
—He pasado por una horchatería y me he acordado de papá diciendo cada verano que aquella sería “la última farton” antes de pedir otra.
Teresa se rio.
Hablaron durante 24 minutos.
Javier no pidió ningún favor.
Aquella llamada significó más para ella que cualquier disculpa.
Beatriz tardó más.
Casi 6 meses después acompañó a los niños a Dénia.
Mateo corrió a inspeccionar la habitación.
Claudia descubrió inmediatamente la butaca junto a la ventana.
Beatriz se quedó mirando la terraza.
—Es preciosa.
—Gracias.
Prepararon café.
Durante varios minutos ninguna dijo nada.
Finalmente Beatriz respiró hondo.
—He pensado mucho en aquel día.
Teresa esperó.
—Yo sí te di por sentada.
No hubo excusas después de aquella frase.