—Teresa, esto puede cambiarle la vida.
—Eso es precisamente lo que me preocupa.
—¿Su familia lo sabe?
—No.
—Entonces, hasta que todo esté organizado, siga así.
Y Teresa siguió así.
Preparaba desayunos. Recogía a Claudia de inglés. Llevaba a Mateo al entrenamiento. Hacía la compra. Cocinaba. Planchaba.
Nadie le había asignado oficialmente aquellas tareas. Simplemente se habían convertido en obligaciones.
Una noche oyó a Beatriz hablar con Javier en el salón.
—Tu madre empieza a ser una carga.
Hubo unos segundos de silencio.
Teresa esperó que su hijo la defendiera.
Pero Javier suspiró.
—¿Y qué quieres que haga? Es mi madre.
Aquellas 8 palabras le dolieron más que cualquier insulto.
10 meses después, durante la cena, Javier deslizó sobre la mesa un folleto brillante.
En la portada aparecía una mujer de pelo blanco sonriendo junto a una piscina.
RESIDENCIA LOS NARANJOS.
—Hemos encontrado un sitio estupendo para ti, mamá.