En mi 73 cumpleaños, mientras mi familia se reía del único regalo de 2 €, vi algo en aquel rasca que nadie más notó. Días después oí a mi nuera decir: “Tu madre empieza a ser una carga”. No lloré ni discutí: llamé a un abogado. Meses después, cuando quisieron mandarme a una residencia, puse el mismo boleto sobre la mesa.

Teresa lo miró fijamente.

—¿Para mí?

Beatriz tomó la palabra.

—Ya hemos ido a verlo. Incluso hemos dejado una reserva.

—¿Sin preguntarme?

Javier evitó sus ojos.

—Mateo necesita tu habitación. Ya está creciendo.

Teresa comprendió entonces que no estaban proponiendo nada.

Ya habían decidido su futuro.

Y después de varios segundos, hizo algo que desconcertó a ambos.

Sonrió.

—De acuerdo.

Aquella misma noche cerró la puerta de su dormitorio, llamó a Gonzalo y dijo solamente:

—Ha llegado el momento.

PARTE 2

Durante las siguientes 2 semanas Teresa actuó con tanta normalidad que Beatriz empezó a felicitarse por lo bien que había aceptado la decisión.

La mudanza a la residencia estaba prevista para el 8 de enero.

—Allí tendrás actividades, excursiones y gente de tu edad —repetía Beatriz.

Teresa asentía mientras preparaba lentejas o doblaba ropa.

Nadie sabía que desde hacía meses llevaba una vida paralela.

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