—¿Desde cuándo?
Teresa dejó la taza sobre el plato.
—Compré la casa en julio.
—¿Julio?
—Sí.
—¿Y llevas todos estos meses cobrando nuestro alquiler?
—La empresa lo ha cobrado. Yo no quería mezclar directamente nuestra relación familiar con el dinero.
Beatriz soltó una risa nerviosa.
—Pues parece que has terminado mezclándolo bastante.
Teresa la observó sin levantar la voz.
—Lo mezclaríais vosotros en el momento en que supierais lo del premio. Por eso no os lo conté.
Javier todavía miraba el rasca.
—¿Cuánto ganaste?
—Lo suficiente para no tener que preocuparme por el dinero si soy responsable.
—Eso no responde.
—No necesito responder a todo.
Aquella frase desconcertó a Javier.
Durante años, su madre había explicado cada decisión. A qué hora salía. Dónde iba. Cuánto gastaba. Si podía recoger a los niños. Si tenía una cita médica.