A las 8:42, el móvil de Valeria vibró.
La cámara exterior mostró a Mercedes frente a la puerta, con gafas enormes, bolso de lujo y una bolsa de compras.
Introdujo su llave.
No giró.
La sacó, la miró y volvió a intentarlo.
Nada.
Entonces levantó los ojos hacia la cámara.
Y por primera vez, la mujer que llevaba años diciendo “esta casa es de mi hijo” pareció preguntarse si alguna vez había sabido realmente dónde estaba viviendo.
PARTE 2
Mercedes aporreó la puerta hasta que Álvaro bajó corriendo.
—¡Ábreme ahora mismo!
Valeria activó el altavoz desde la cocina.
—Tu llave ya no da acceso a esta propiedad.
Mercedes soltó una carcajada seca.
—¿Propiedad? Esta casa es de Álvaro.
Valeria giró el portátil hacia su marido. En pantalla aparecía la escritura.
Álvaro palideció.
Cuando dejó entrar a su madre, Mercedes irrumpió indignada y anunció que se quedaría “unas semanas” para poner orden.