Ahora Mercedes sostenía entre los dedos una tira de seda como si fuera un trofeo.
—Mañana te compras otro con el dinero de Álvaro.
Valeria se agachó despacio, recogió la tela y dobló los restos del vestido sobre su brazo.
—Buenas noches —dijo.
Nada más.
Mercedes sonrió, convencida de haber ganado. Álvaro incluso soltó el aire, aliviado.
A la 1:17, cuando ambos dormían, Valeria entró en su despacho. Abrió una carpeta cifrada con documentos de propiedad, extractos, mensajes y copias de transferencias. No necesitó revisar mucho. La escritura de la casa seguía mostrando un único nombre: Valeria Robles.
Escribió a su abogada, Lucía Ferrer. Después llamó a un servicio de cerrajería 24 horas y dejó preparada una autorización para retirar todos los accesos de invitados.
A las 7:30 llegó el cerrajero. A las 8:10, las llaves de Mercedes ya no servían, el mando del garaje estaba anulado y su huella había desaparecido del sistema de entrada.