Beatriz apartó inmediatamente la mirada.
—Por favor, Elena.
—Mírame.
—No hace falta montar un espectáculo.
—Mírame.
La voz de Elena hizo que todos guardaran silencio.
Se giró.
Las cicatrices seguían allí.
Algunas apenas visibles.
Otras imposibles de confundir.
—Este es vuestro apellido —dijo—. Esto también forma parte del legado que tanto os preocupa.
Beatriz comenzó a llorar.
—Éramos otros tiempos.
Elena volvió lentamente la cabeza.
—No. Eran otras prioridades.
Álvaro apretó los puños.
—Yo era un crío.
—Y después creciste.
Aquella respuesta pareció desarmarlo.
Elena se volvió hacia Gonzalo.
—Tú sí eras adulto.
Su padre no respondió.
—Cuando lo descubriste, ¿por qué no me protegiste?
Gonzalo tragó saliva.
—Porque tu hermano tenía un futuro excepcional.
El silencio que siguió fue insoportable.
Beatriz cerró los ojos.
Álvaro miró al suelo.
Y Gonzalo pareció comprender demasiado tarde que acababa de decir delante de 4 abogados la frase que llevaba 20 años evitando pronunciar.