—¿Y qué hicieron?
Elena soltó una risa vacía.
—Mi madre cerró la puerta de mi habitación y me dijo que una acusación podía arruinarle la carrera. Mi padre dijo que Álvaro estaba destinado a hacer cosas importantes y que yo debía pensar en la familia.
Adrián no respondió.
Durante 2 años había visto pequeñas señales: Elena evitando piscinas, cambiándose siempre con la puerta cerrada, tensándose cuando alguien aparecía detrás de ella. Él había atribuido todo aquello a timidez.
Ahora comprendía que había confundido supervivencia con elegancia.
La cubrió con una bata, se sentó junto a ella y la sostuvo mientras Elena lloraba con una vergüenza que nunca debió pertenecerle.
—No quiero que hagas ninguna locura —susurró ella—. Prométemelo.
Adrián besó su frente.
—No voy a hacer nada sin tu permiso.
Aquella frase consiguió que Elena levantara la mirada.