Rodrigo ha intentado reconstruir parte de su relación con ella mediante los canales y las condiciones establecidos para protegerla.
No sé qué ocurrirá en el futuro.
No puedo prometer que se convertirá en el padre que Camila necesitaba.
Pero sí puedo prometer algo.
Nunca más le pediré a mi hija que soporte humillaciones para mantener las apariencias.
Teresa me escribió una carta de disculpa.
La guardé.
No porque haya olvidado lo que hizo, sino porque algún día Camila podrá decidir, con la madurez y el apoyo necesarios, qué significado quiere darle.
En cuanto al dinero de mi padre, quedó reservado para el futuro de mi hija.
Pero el verdadero regalo de papá no estaba en ninguna cuenta bancaria.
Estaba en aquella grabación.
En sus palabras.
En el recordatorio de que Camila había sido amada desde el primer instante de su vida.
Hace unos días encontré un dibujo sobre mi escritorio.