—Lucía…
—Once meses, Andrés.
Las lágrimas le corrieron
por las mejillas.
—Perdóname. No quería asustarte.
—Soy tu esposa. No una extraña a la que hay que proteger de la verdad.
—Tenía miedo —dijo.
Esas tres palabras me callaron. Nunca había oído a mi marido admitir que tenía miedo. Me senté a su lado y le tomé la mano temblorosa.
—¿Y todas esas noches fuera de casa?
—Tratamientos. Consultas. Pruebas.
Mientras yo creía que mi esposo salvaba vidas, él luchaba por la suya.
Esa tarde Mateo me entregó una carpeta, con permiso de Andrés. Contenía resultados médicos y fechas
de internación, pero había algo extraño: varias citas registradas bajo el nombre de un programa experimental, el Proyecto Alba.
—Es un protocolo de investigación clínica —admitió Mateo—. Andrés participó en desarrollarlo antes de enfermarse.