Pero había algo más.
Daniel sacó una carpeta.
—Laura, durante años ahorré dinero para abrir una pequeña clínica de atención médica para personas que no pueden pagar una consulta privada.
Lo miré sorprendida.
—Nunca me hablaste de eso.
—Era un sueño que siempre dejaba para después.
Respiró profundamente.
—Cuando enfermé, entendí que había pasado demasiado tiempo pensando que siempre tendría otro año.
Abrió la carpeta.
Había planos de un inmueble modesto en Guadalajara, un presupuesto inicial y una propuesta para colaborar con médicos dispuestos a ofrecer consultas a bajo costo y algunas jornadas gratuitas.
—No voy a dirigirla mientras me recupero —aclaró—. Pero quiero que sea un proyecto familiar, si ustedes desean participar.
Miró a Valentina.
—Tu mamá trabajaba ayudando a personas mayores, ¿verdad?
Ella asintió.
—Era trabajadora social.
—Me gustaría que la clínica llevara su nombre.