Fui al hospital a sorprender a mi esposo con su comida favorita, pero su compañero me miró con lágrimas en los ojos y me preguntó: “¿De verdad Daniel no te ha contado nada?”

Valentina lloraba en silencio.

Sofía sostenía su mano.

Daniel continuó:

—Esta clínica lleva el nombre de Patricia, una mujer que crió a nuestra hija con amor. Y existe gracias a mi esposa Laura, que me enseñó que pedir ayuda no es una derrota.

Entonces me hizo una seña para acercarme.

Subí junto a él.

—¿Qué haces? —susurré.

Sonrió.

—Algo que debí hacer hace mucho tiempo.

Sacó del bolsillo una nota doblada.

Era la nota que yo había puesto en la bolsa de comida aquella mañana en el hospital.

La había conservado todo ese tiempo.

La abrió cuidadosamente.

Y leyó en voz alta:

“No tienes que cuidar a todo el mundo. Déjame cuidarte a ti también”.

No pude contener el llanto.

Daniel me besó la frente.

—Laura, aquel día llegaste pensando que ibas a sorprenderme con mi comida favorita.

Su voz se quebró.

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