PARTE 1
—Si regresas esta noche a la casa de tu suegro, es posible que tu bebé no llegue a nacer —me dijo la doctora Ana mientras apagaba el ultrasonido.
Me quedé inmóvil sobre la camilla, con una mano sobre mi vientre de ocho meses.
—¿Qué está diciendo, doctora? ¿Mi hijo tiene alguna enfermedad?
Ella no respondió inmediatamente. Se quitó los lentes, observó la pantalla apagada y después cerró con seguro la puerta del consultorio.
Conocía a la doctora Ana Salgado desde que tenía seis años. Había sido amiga de mi madre y llevaba más de cuarenta años atendiendo embarazos complicados. Nunca la había visto tan asustada.
—Valeria, necesito que me contestes algo. ¿Desde cuándo sientes un sabor metálico en la boca?
—Desde septiembre. Mi suegro dice que es por el hierro que tomo.
—¿Y el cabello? ¿Se te cae más de lo normal?