No.
También es abrir cajones que no te pertenecen.
Mover recuerdos.
Decidir sobre la vida de otro.
Hablar de una persona enferma como si ya no fuera a regresar.
Ofelia tardó casi un mes en volver a hablarme.
La tía Chayo, por cierto, se quedó exactamente cuatro días en su departamento.
Según Raúl, fueron los cuatro días más largos de la vida de su madre.
Beto consiguió trabajo en una bodega cerca de la Central de Abasto y terminó rentando un cuarto con otros dos muchachos.
Chayo regresó a su pueblo feliz y, antes de irse, le dejó a Ofelia dos costales de cebolla “como agradecimiento”.
Mi suegra no volvió a mencionar el departamento de mi mamá.
Ni el parque.
Ni el aire limpio.
Ni las habitaciones vacías.
Raúl tampoco volvió a tocar una llave sin preguntarme.
Nuestra relación no se arregló de inmediato.