Mariana insistió en mantenerla fuera de cualquier confrontación innecesaria.
Diego intentó hablar con Mariana a solas antes de salir.
Ella se negó.
—Lo que tengas que decirme puede esperar a que yo decida cuándo escucharlo.
—Paulina está asustada.
Mariana lo miró sin comprender por qué esperaba que esa frase cambiara algo.
—Yo también tuve miedo mientras caía.
Diego apretó la mandíbula.
—No fue mi mano.
—No.
Mariana esperó.
—Pero tampoco fue tu mano la que bajó a ayudarme.
Eso fue lo que Diego no pudo discutir.
El video mostraba a Paulina empujando.
También mostraba a Diego mirando.
Durante días había intentado convertir ese segundo en algo pequeño porque aceptar su inmovilidad significaba reconocer algo más profundo que una infidelidad.
Había dejado de proteger a la familia que todavía llamaba suya.
—No sé qué quieres que haga —dijo.
Mariana acomodó una mano sobre su vientre.