—Por primera vez, no quiero que hagas nada para convencerme.
Se fue con Renata.
Andrés caminó detrás de ellas hasta la salida, pero se detuvo antes de alcanzarlas.
Mariana lo notó.
—¿No viene?
—No sabía si quería que lo hiciera.
—Eso debió preguntarlo desde el principio, señor Robles.
—Tiene razón.
Renata se acercó a él.
—Todavía me debe una explicación por los zapatos de mantenimiento.
Andrés miró sus zapatos, ya limpios pero marcados por el agua de aquella primera tarde.
—Creo que perdí ese caso.
—Sí.
Mariana dejó escapar una risa breve.
Era la primera vez desde la caída que algo en el juzgado no le parecía una amenaza.
Pero tampoco confundió gratitud con confianza inmediata.
Antes de subir al auto que las llevaría a casa, se volvió hacia Andrés.
—Gracias por guardar la carpeta y por conseguir el video.